Soldados de Colorado reciben cirugía ocular láser

Scott Schonauer, Stars and Stripes Scene, domingo 4 de junio de 2006

Durante la mayor parte de mi vida, fui legalmente ciego.

No tan ciego como Ray Charles, pero mi visión de lejos era tan mala que apenas podía ver las letras del cartel de prueba, ni siquiera la "E" grande de la primera línea.

En la escuela secundaria, usaba unas gafas gruesas con armazón de alambre que me daban aire de "tragalibros". Cuando me pasé a las lentes de contacto, empecé a lucir mejor, pero mi vista empeoró. Perdí o rompí lentes de contacto por docenas, y la cantidad de solución de limpieza que usé bastaría para llenar una piscina olímpica.

Pero unas pocas semanas atrás, bastaron 15 minutos para que mi vista y mi vida cambiaran.

Gracias a la cirugía LASIK, mi vista pasó de 20/800 a 20/20. Sé que decenas de miles de personas se hicieron la operación, pero a mí, la posibilidad de ver sin gafas ni lentes de contacto todavía me parece un milagro. Literalmente, abrió mis ojos a un mundo nuevo.

El procedimiento es rápido e indoloro, pero lo pensé mucho y durante mucho tiempo antes de decidirme a hacerlo.

Ya venía pensando en la cirugía refractiva láser desde que la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) la aprobó en la década de 1990. Pero no me la hacía por el costo y porque temía que algo pudiera salir mal, siendo una cirugía relativamente nueva en los Estados Unidos.

Cambié de opinión cuando un médico en Alemania me dijo que tras años de usar lentes de contacto por más tiempo del que hubiera debido y en lugares como Irak y Afganistán, mis ojos habían quedado dañados para siempre y ya no podría seguir usando lentes de contacto blandos.

Yo hubiera querido hacerme la operación cerca de mi casa en Kaiserslautern, Alemania, pero los médicos que encontré cobraban entre $5,000 y $6,000 dólares por los dos ojos. Pensé en operarme en Europa del Este, donde los pacientes pueden conseguir el procedimiento por apenas $1,800 dólares por los dos ojos, pero parecía demasiado arriesgado.

Como soy civil y no puedo someterme al procedimiento en un hospital militar de EE. UU., volví a mi estado de origen, Ohio, y fui a ver al Dr. Robin Beran, del Columbus Laser Center. Había investigado médicos durante semanas y finalmente me decidí por él. La cirugía láser es su especialidad y ya realizó más de 30,000 procedimientos.

Nos encontramos un martes, el día después de mi llegada de Alemania. El primer paso era hacerme un examen para ver si yo era un buen candidato para la cirugía refractiva.

Generalmente no se considera buenos candidatos a los pacientes cuya vista no es estable o que padecen sequedad de los ojos, agrandamiento de pupilas o mala salud ocular. Pero el médico que hizo el examen de selección dijo que yo era apto.

Hay dos tipos de cirugía refractiva: la queratectomía fotorrefractiva (o PRK) y la queratomileusis in situ asistida por láser (más comúnmente llamada LASIK).

En la PRK, que es el método que usan habitualmente los hospitales militares de EE. UU, se usa un láser excimer para esculpir la córnea eliminando de su superficie pequeñas porciones de tejido. En LASIK, el médico usa un instrumento para cortar un delgado colgajo en la córnea y luego elimina el tejido que se encuentra debajo del colgajo.

Diversos estudios demostraron que con ambos procedimientos se obtienen resultados similares, pero la principal ventaja de LASIK es que no es tan doloroso y que a veces se puede obtener una buena visión casi de inmediato.

Como tenía previsto regresar a Alemania en una semana, mi única opción era el LASIK. Pero Beran me dijo que él hubiera recomendado LASIK más que PRK en cualquier caso, debido a que el método le había dado muy buenos resultados.

El día del procedimiento, me colocaron unas gotitas anestésicas que me adormecieron los ojos. Yo había leído en Internet historias espantosas sobre los efectos secundarios de la cirugía y había visto algunas imágenes horribles, en mi intento de saber qué podría salir mal (desde mala visión nocturna a ceguera). Y no era nada agradable.

Pero solo una pequeña fracción de los pacientes tienen complicaciones graves, así que yo estaba más entusiasmado que asustado. También ayudó a tranquilizarme el comprimido de Valium que me dieron unos minutos antes de la cirugía.

Me hicieron acostar debajo del láser, del que salía una luz verde que me pidieron que mirara fijo mientras ellos usaban el láser.

Mi mayor temor era por el artilugio que usaron para separar e inmovilizar mis párpados de modo de impedir que parpadeara. Había visto fotos y videos del procedimiento, y parecía una escena salida de "Minority Report", la parte en la que a Tom Cruise le cambian los globos oculares. Supuse que sería incómodo, pero gracias a las gotitas anestésicas no sentí nada. Claro que el Valium también tuvo algo que ver.

Beran marcó mi córnea y la preparó para el láser. Luego me puso un anillo de metal alrededor de la órbita del ojo, que se sintió como si presionara el ocular de un telescopio contra el rostro. Unos momentos después, un bisturí mecánico rebanó el colgajo en mi córnea. Por un segundo no pude ver nada.

Fue uno de los momentos más extraños de mi vida: tener el ojo totalmente abierto y no ver nada. Pero duró muy poco, hasta que el láser empezó a trabajar.

Cuando lo encendieron, miré la luz como me habían pedido. Aunque no sentía que el láser me estuviera vaporizando partes de la córnea, podía sentir el olor y oía el zumbido del láser mientras me corregía el ojo. Terminar con el ojo derecho demoró menos de 30 segundos.

Después, el médico me corrigió el ojo izquierdo. En total, la cirugía no duró más de 15 minutos.

Cuando terminó, me dijeron que descansara sentado con los ojos cerrados durante unos 10 minutos en otra habitación. Luego hicieron una breve revisión de mis ojos y me dijeron que podía irme. Si bien algunas personas advierten resultados de inmediato, en mi caso la vista estaba borrosa. Se parecía a mirar a través de lentes de contacto sucios en ambos ojos.

Durante las primeras 24 horas tuve que llevar puesto un par de protectores de plástico y también tuve que usarlos para dormir durante la primera semana. Las primeras horas después de la cirugía, la luz del sol y las luces brillantes eran insoportables. En el trayecto desde la clínica al hotel en el auto que conducía mi padre, tuve que mantener los ojos cerrados, porque el sol del mediodía me enceguecía.

Cuando el efecto de la anestesia pasó, los ojos empezaron a arderme y se me llenaron de lágrimas, pero si los mantenía cerrados, no dolía tanto.

El personal del centro me había dicho que, por lo general, los pacientes se sienten mejor después de una larga siesta. Y era verdad. Dormí cuatro horas y, al despertar, el dolor había desaparecido y ya no lagrimeaba tanto.

Además, ya podía ver bastante bien, pero todavía un poco borroso.

Al día siguiente, un día antes de que me volviera de Ohio a Alemania, me hicieron un examen posoperatorio. Con el ojo izquierdo podía ver bastante bien, pero el ojo derecho todavía estaba un poco débil. Los médicos dicen que pasan varios meses antes de que la visión se estabilice después de la cirugía y que se necesitan seis meses para completar la cicatrización.

Tres semanas después de la cirugía, mi vista era 20/20 con el ojo izquierdo y 20/30 con el derecho. Fui a ver a un médico alemán y en la primera visita me dijo que le parecía ver señales de estrías o pequeñas arrugas en el colgajo del ojo derecho; sin embargo, cada día que pasaba yo veía un poco mejor. Dos meses después de la cirugía el mismo médico dijo que mi vista era 20/20 con ambos ojos y que no tengo estrías.

Sé que mi cirugía fue hace menos de tres meses, pero no pasa un día sin que yo agradezca por mi nueva visión.

Por primera vez puedo ver el radiodespertador al costado de la cama. Y este verano podré ir a nadar sin preocuparme por perder las lentes de contacto. Puedo jugar brusco con mis dos hijos sin temor a romper las gafas. Y si me envían en misión a un lugar como Irak o Afganistán no debo preocuparme por la posibilidad de que me entre polvo debajo de las lentes o arriesgarme a una dolorosa úlcera en la córnea.

Puedo ver, y es lo mejor que hice por mí en toda mi vida.